
Al finalizar una partida, los jugadores de ajedrez proceden a un análisis final y definitivo, intercambiando opiniones y fundamentando movidas que, las más de las veces, son matizadas con vivencias experimentadas durante el transcurso del enfrentamiento.
Los jugadores de póker deberían hacer lo mismo. Como en el póker el juego sigue, a menos que haya sido el último pase que hayan jugado, no es posible comentar demasiado, ni tampoco es la idea conductora. El análisis post mórtem de una parada en el póker es de carácter individual: una reconstrucción interior que no quedará limitada a los pases en que él estuvo involucrado.
Siempre que sea posible ver las cartas de los involucrados, participemos o no de ese pase, se procederá a revisar la totalidad de los eventos, buscando los fundamentos y la lógica que llevaron a los demás a jugar como lo hicieron. Es la forma más efectiva de levantar información, reconociendo aciertos y errores, propios y ajenos: estilo, categoría, estado emocional, etc. El etcétera sintetiza todo el arsenal del que dispone cual quiera que se siente a una mesa.




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