“Si después de los primeros veinte minutos, no sabes quién es el sucker en la mesa, eres tú”. Este refrán anónimo nos da el primer y fuerte indicio de la esencia del poker.
Astucia, inmutabilidad, correr riesgos, engañar, dejarse engañar, leer el comportamiento humano, conocer el juego como el ABC, son algunas de las cualidades exigidas para triunfar en el poker.
En 1970, el World Series of Poker contaba con siete jugadores, en la actualidad son más de cinco mil los inscriptos que intentan conseguir su lugar en el torneo. ¿Cuál es la clave para comprender este crecimiento?
La adrenalina que se desprende de este juego y la posibilidad de manejar una multiplicidad de variables causa una gran satisfacción en los jugadores.
Pero realmente ¿de qué se trata el poker, además de un juego de apuestas?
Lo que sucede es que el poker se trata de tomar buenas decisiones, como quien tomo una decisión sobre su vida, su carrera, su familia. El libre albedrío que nos es tan propio es un gran factor motivador y su efecto se basa en evitar toda la posibilidad de equivocarse.
Usamos elementos que ayuden a paliar esas flaquezas, sombreros, gafas, controlamos nuestros propios indicios corporales, jugamos con las expectativas del contrincante, con las estrategias de nuestros pares.
David Sklansky es uno de los jugadores más famosos del mundo y uno de los precursores en utilizar el Teorema Fundamental del Poker. La base de este postulado es que uno se encuentra constantemente tomando decisiones sobre la estimación de las cartas que el contrincante pudiera llegar a tener.
Por todo esto, es necesario “leer” las intenciones de los rivales de la mesa, pero más importante es desenmascarar el propio juego, desenmascarar al poker.




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